lunes, 21 de marzo de 2011

El que a hierro mata...

...siempre encontrará la forma de evadir la hoz que segará el fruto de su cosecha, pero así mismo se condena a un camino largo y oscuro, donde el odio germinará una y otra vez, entre semillas de sangre y ese veneno dulce, adictivo... que sólo encuentra sosiego en cada estertor, en cada último suspiro, en cada luz que se apaga lentamente entre sus labios, oyendo a lo lejos el suave crujir de un corazón que despierta de la inocencia...

jueves, 17 de marzo de 2011

Adiós

Todos, sin excepción, muy en el fondo soñamos con ese bus que empieza a alejarse lentamente, llevándose consigo al amor de nuestra vida... hasta que de repente, sólo unos metros después de partir, a la vez que sentimos como si el corazón se nos quiere salir por la boca, el destello rojo ilumina la oscura avenida y alcanzamos a oír el freno de aire y la puerta que se abre nuevamente...

...entre tanto, la nieve sigue tapizando la ciudad.

viernes, 11 de marzo de 2011

Un cuento para...

Había una vez una historia que nunca pudo salir de la pluma... hibernó muchos años en el último rincón de la imaginación, como queriendo no molestar a nadie, procurando no estorbar al torrente continuo de ideas que el joven escritor, una vez descubierto que poseía el don, dejó fluir como lo hace el agua del hidrante que los niños de la cuadra han logrado abrir en una calurosa tarde de verano, en algún populoso barrio neoyorquino (como se ve en las películas gringas)...

Pasaron veinte años, cinco meses, siete días y trece horas...

...unos cuantos minutos...

Y exactamente dieciocho segundos cuando sucedió...

Inició lentamente, como el primer beso al final de la cita. El escritor, ahora retirado, quebrado, achantado, humillado, olvidado y con el corazón resquebrajado... despertó en medio de la madrugada, con un nudo en la garganta y ganas de llorar. Le hormigueaba la mano y sentía un dolor que iba creciendo en intensidad y cobertura, desde la nuca hasta los ojos, dándole la impresión de que su cabeza iba a estallar.

Prendió la única vela con el único fósforo, tomó la única hoja amarilla con el único lápiz y comenzó a escribir la única historia que le quedaba.

K-LI-K
Marzo 2011

sábado, 20 de noviembre de 2010

Entre comillas

Son más de cinco años desde la última vez que escribí un cuento que no terminó en el fondo de la papelera. Las libretas de hojas amarillas que había comprado como suministro para una "inagotable" fuente de inspiración, siguen agonizando en alguna caja junto a los dieciocho carros de colección, los treinta y dos libros de literatura universal y las doscientas sesenta y cuatro fotos que nunca tuvieron un álbum donde descansar...

El último vestigio de esa frugalidad creativa es un cuento inconcluso que cargo en una libreta donde apunto las cuentas en rojo que me acompañan desde hace una década, cuando (aún no tengo claro el por qué) inicié una vida de deudor empedernido arrastrando un pasivo lleno de buenas intenciones y prórrogas refinanciadas.

Ese cuento, como el resto de mis asuntos, está con los puntos suspensivos que caracterizan parte de mi estilo literario, ese que pretende que el lector de mis cuentos se atreva a plantear una continuación de la narración, que ose especular un clímax o se aventure a apostarle a un final que no sea el que sospecha que irremediablemente llegará.

Hoy es un día de esos en que quisiera tener los huevos de quemar esa libreta, de arrojar para siempre las cajas donde se resume toda mi existencia terrenal, toda mi posesión material, al fondo de un río cualquiera que simplemente me garantice que disolverá entre sus aguas, toda la frustración, los éxitos, la tristeza, las alegrías, los recuerdos y los abandonos... sin embargo, como siempre, desde hace una década exactamente, cuando tengo el fósforo listo y amarradas las cajas, me tiembla la mano, se me nubla la mirada y sólo atino a decirme: "mañana bien temprano, justo antes del amanecer, para que tenga sentido, lo haré sin vacilar..."

lunes, 15 de noviembre de 2010

SIUL

SIUL

"A veces la salida...
...es solo una entrada"

El líquido blanquecino inundó suave y lentamente su vena. Cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación de mil caballos pintos en desbandada por su cerebro y un río de lava devorando su sangre . . .
Sí, se estaba matando. ¿Por qué?, tal vez una pena, un dolor tan profundo que fue esparciéndose por todo su ser hasta quebrarlo como a una pequeña rama seca . . . quizás un secreto, uno tan terrible que ni siquiera pudo aceptar o llegar a comprender. De pronto era puro y simple aburrimiento . . . la más frecuente causa de las acciones, buenas o malas, creativas o destructivas, inteligentes o estúpidas, sencillas o complejas . . . comprensibles o no, que cada día de nuestras vidas llegamos a realizar.
De todas maneras, ya no importaba.
Ya nada importaba. Ya no existían razones, justificaciones, juicios o decisiones . . . sólo el líquido blanquecino anegando sus sesos estallando en su cráneo, la vida escapándose en un suspiro eterno por cada poro de su piel.
Tampoco hay nadie en casa, hace mucho tiempo se fueron todos, uno a uno, despidiéndose en promesas de amor eterno, con un beso en la frente y un desayuno frío pudriéndose en la mesa.
La habitación empieza a sumirse en una oscuridad tan intensa, como esas ganas de vivir que pudo tener algún día que ya no recuerda. ¿O sí?
Sin embargo, es muy tarde para pensar en eso, o demasiado temprano para preocuparse .
Se estaba muriendo . . . ¿No era eso lo que quería?
Descubrió también que no existía el tal tubo de luz, ni la sensación de paz, ni las voces, ni una mierda . . . nada. En el fondo, bien en el fondo se alcanzaba a escuchar un suave jazz. A lo mejor se estaba yendo al cielo.
Y así, divagando en pendejadas, su corazón dejó silenciosamente de latir, sus pulmones se hincharon una última vez de aire, sus ojos, esos enormes ojos que atraparon una vez la mirada fugaz de aquella chica en la piscina, se fueron extinguiendo, como un bombillo que se funde en cámara lenta . . .
. . . en el postrer segundo, un destello como de arrepentimiento, como de angustia, como un “¡ay la cagué!” . . .
. . . que alcanzó a notar el paramédico cuando infructuosamente trató de resucitarle, luego de encontrarlo tirado en la biblioteca, rodeado de sus libros, sus discos, retazos de su vida que lo observaban triste e impotentemente echando babaza, humillado en una muerte absurda y grotesca por una razón que no sólo se llevo a la tumba, sino que tal vez jamás llegó a tener.

K-LI-K /MARZO 2001

miércoles, 20 de octubre de 2010

Octavius

PURGATORIO

Estaba sentado en medio de la oscuridad densa de su cuarto. Sólo iluminaba leve y fugazmente su rostro, el pequeño brasero de su cigarrillo, cada vez que aspiraba.

El silencio, que inundaba sus oídos, se iba haciendo más pesado a medida que se esfumaban los minutos, y con ellos, las horas.

Meditaba . . .

La pistola, aún caliente, reposaba en su regazo. Unas gotas de sangre salpicada, ya se habían coagulado sobre su rostro impávido.

En la cama revuelta, frente a él, varias docenas de cartas en hojas amarillas y unas fotos . . . prácticamente flotando en un charco rojo. La cabeza destrozada por el disparo, descansando suavemente en la almohada empapada.

En la radio de la mesita de noche, Frank Sinatra entonaba “Extraños en la noche” . . . sin embargo, él no podía escucharla . . . sólo sentía el silencio y la oscuridad.

Trató de llorar. Sus ojos secos todavía se perdían en el abismo escarlata bajo los rostros felices en las fotos, y las palabras de amor diluyéndose en las páginas húmedas.

La pregunta que lo atormentaba, comenzó a dibujarse en cada centímetro de ese cuarto, como un grito sordo . . .

¿Valió la pena?

Nunca lo sabría, sólo estaría sentado allí, en medio de la oscuridad y el silencio, observando su propio cuerpo inerte sobre la cama, sintiendo la pistola aún caliente en su regazo . . .

. . . testigo único de su suicidio . . .

. . . fumando ese maldito cigarrillo que no dejaría de arder el resto de la eternidad.


K-LI-K / 2001

miércoles, 3 de marzo de 2010

Septimus

PRIMER AMOR

Sólo faltaban unas cuantas cuadras para llegar a su destino matutino, cuando una dulce voz (la más dulce del mundo), le hizo voltear la cabeza, casi desnucándose por la impresión.

- ¡Hola! – sus palabras derretíanse en sus oídos – ¿tarde como siempre?

- Nnnnno . . . ¡para nada! – medio contestó – es que yo camino así.

- Entonces te acompaño . . . yo también camino así.

Fueron las dos cuadras más largas de su vida. Con el cabello perfumado y ondulado de la niña más linda del colegio (la más linda del mundo), frente a él, y su figura que parecía que en cualquier momento iba a empezar a volar, como aquella Remedios La Bella que estaban leyendo en clase de literatura macondiana . . . lo tenían sencillamente hipnotizado. Una sensación como de mariposas en el estómago lo envolvía y le daba como miedo mirarla a los ojos . . .

- ¿Piensa entrar o qué? – lo trajo a la realidad el grito del tosco portero del colegio - ¿tras de tarde . . . rogado el señorito?

De mala gana entró al amplio pasillo que lo llevaría a su salón . . . a veinte puestos de ella . . . pero más cerca que ninguno, porque caminó a su lado en la mañana. Una amplia sonrisa adornó su rostro al entrar al aula, sin importarle la mirada asesina de su profesora de inglés.

El resto del día sólo pensó en ella. Ni se dio cuenta del paso de las horas, ni de las clases, ni de los tres recreos, ni siquiera de los golpes de los abusadores de siempre que le arrebataban el dinero de las onces, nada . . . sólo existían sus maravillosos ojos azules, su ondulado cabello y su andar casi angelical (el más angelical del mundo).

A la salida la vió de nuevo. Estaba al otro lado de la calle. ¡Dios mío! . . . lo miraba fija y sensualmente . . . con su mano lo llamaba. Como un zombi acudió a su encuentro . . . sintiose flotar como ella . . . sí, estaban hechos el uno para el otro.

¡Qué divino es el primer amor! . . . la sintió suya, sólo suya . . . caminaba hacia ella. Abrió los ansiosos brazos pletóricos de amor . . .

. . . bueno, eso les pareció a los de la morgue, cuando tomaban las fotos para el registro . . . del niño que con una inmensa sonrisa, extendía los brazos bajo la rueda doble del bus del colegio.

K-LI-K / NOVIEMBRE DE 1999